Desde 1978
Nuestra historia
La parrilla de San Telmo, contada por dentro
Don Osvaldo abrió la persiana en 1978, en una esquina de Defensa que todavía olía a empedrado mojado. Empezó con seis mesas, una parrilla a la calle y la idea de que un buen asado no necesita vueltas: carne, brasa, tiempo y nada más. El barrio lo adoptó rápido y los domingos había cola en la vereda. Casi cincuenta años después seguimos en el mismo lugar, con las mismas paredes de ladrillo y la misma parrilla rugiendo todos los mediodías.
Hoy la cocina la lleva Martín, nieto de Osvaldo, que se crió pelando papas en esta misma cocina. Cambió poco y nada: sumamos pastas caseras y una bodega de vinos argentinos, pero el fuego se prende igual que el primer día. Venís una vez y entendés por qué tres generaciones de porteños eligen esta mesa.
1978
Año en que abrimos
3
Generaciones al fuego
4.8★
En Google, con 1.200+ reseñas
En la parrilla
El que maneja el fuego
Martín Etcheverry tomó la parrilla a los veintidós, después de años al lado de su abuelo. Aprendió a leer las brasas antes que a manejar, y esa intuición se nota en cada corte: sabe exactamente cuándo dar vuelta una tira de asado o cuándo bajar una molleja del fuego. Su regla es una sola: respetar la carne y no apurar nunca el fuego.
El fuego primero
Brasa de quebracho, paciencia y punto justo. Acá no hay atajos.
Producto de verdad
Carne madurada, verduras de feria y pastas amasadas en casa cada mañana.
Mesa de barrio
Te atendemos como en casa, sin apuro y con la confianza de los que ya son habitués.